Leo Messi recibe este viernes el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2026 en una etapa marcada por acontecimientos que van mucho más allá del fútbol. El reconocimiento coincide con un año en el que ha vivido la muerte de su padre, Jorge Messi, y ha cerrado su trayectoria con la selección argentina. Entre los homenajes y las despedidas, sus palabras sobre la familia han adquirido un significado especialmente personal. Fundación Princesa de Asturias
Al despedirse de su padre, el futbolista expresó su intención de conservar lo aprendido en casa a través de la educación de sus hijos. Su manera de recordarlo quedaba ligada a algo cotidiano: transmitir a la siguiente generación los principios con los que él mismo había crecido.

Esa idea conecta con una reflexión que Messi ha compartido sobre su propia identidad: buena parte de cómo se entiende como persona procede de lo que aprendió durante su infancia. Pero querer conservar una herencia familiar también plantea un reto: distinguir entre aquello que merece continuar y las respuestas que repetimos simplemente porque nos resultan conocidas.

El psicólogo José Martín del Pliego aborda esa cuestión a través de varios aspectos de la crianza: el acompañamiento emocional, el ejemplo de los adultos, la repetición de patrones y la capacidad de reconocer los errores. Su explicación permite explorar un asunto que trasciende cualquier apellido famoso: qué hacemos con la educación que recibimos cuando nos toca educar.

Antes de los valores, aprender a recuperar la calma
Para el especialista, uno de los elementos centrales de los primeros años es la ayuda que los cuidadores ofrecen al niño para gestionar sus emociones. Al principio, los pequeños necesitan que los adultos los acompañen cuando sienten miedo, frustración o malestar.
Del Pliego destaca especialmente los tres primeros años y el papel de esa regulación externa. El niño todavía está desarrollando recursos propios para tranquilizarse, de modo que la respuesta de quienes lo cuidan tiene una importancia particular.
Desde su perspectiva, cuando esa experiencia de calma no está suficientemente presente, pueden aparecer formas de protegerse que después influyan en la manera de relacionarse. El especialista describe respuestas defensivas que, con el tiempo, pueden incorporarse al funcionamiento habitual de una persona.
Su planteamiento pone el foco en algo que a veces queda relegado cuando se habla de educación: antes de pedir a un niño que controle lo que siente, necesita ayuda para comprenderlo y atravesarlo. La crianza no se limita a transmitir normas; también incluye cómo se responde a su malestar.
Eso no convierte cada rasgo adulto en una consecuencia inevitable de la infancia. La reflexión del psicólogo se centra en el peso de aquellas experiencias y en la importancia de reconocer cómo siguen influyendo.
Cambia el mundo, pero el ejemplo sigue contando
La infancia de Messi en Rosario durante los años noventa se desarrolló en un contexto muy distinto al que rodea hoy a sus hijos. Las pantallas, las redes sociales y otras formas de exposición plantean situaciones que no ocupaban el mismo lugar en la vida familiar de entonces.
¿Cómo conservar lo valioso sin educar como si el tiempo se hubiera detenido? Del Pliego diferencia los principios del escenario en el que deben ponerse en práctica.
El respeto, la responsabilidad, la honestidad, el esfuerzo y el cuidado de los demás pueden seguir orientando la conducta aunque cambien las circunstancias. Para el psicólogo, esos valores ofrecen referencias y contribuyen a generar seguridad.
Sin embargo, transmitirlos exige conocer el entorno real de los hijos. No basta con repetir las enseñanzas recibidas sin atender a los problemas que ellos encuentran ahora.
También exige coherencia. Los niños necesitan observar que los adultos actúan de acuerdo con aquello que les piden. El valor educativo de una explicación pierde fuerza si la conducta cotidiana va en otra dirección.
Así, conservar una enseñanza familiar puede requerir cambiar la forma de comunicarla. El principio permanece, pero su aplicación necesita responder a la realidad de cada generación.
Por qué terminamos diciendo aquello que no soportábamos escuchar
Una de las observaciones más reconocibles del especialista aparece al hablar de la repetición. Muchas personas se descubren usando con sus hijos expresiones que escucharon de pequeñas, incluso algunas que entonces les molestaban.
Del Pliego explica que la crianza recibida deja un conjunto de respuestas emocionales y hábitos que pueden ponerse en marcha al asumir el papel de padre o madre. Lo familiar aparece con facilidad, aunque nunca se haya elegido conscientemente como modelo.
Ese aprendizaje incluye formas de reaccionar, de establecer límites y de interpretar las necesidades de un niño. Al encontrarse ante situaciones parecidas a las vividas en casa, el adulto puede recurrir a las herramientas que ya conoce.
Modificar esa tendencia requiere identificarla. Según el psicólogo, algunas personas hacen un esfuerzo importante por cambiar cuando reconocen que determinadas experiencias les produjeron dolor o no quieren reproducirlas.
Por eso, la intención de educar de otra manera no siempre basta por sí sola. Primero hay que advertir qué respuesta se está repitiendo y qué efecto puede tener.
La cuestión tampoco obliga a rechazar toda la educación recibida. Se trata de poder elegir qué conservar, en lugar de dar continuidad a todo el conjunto de forma automática.
Admirar a los padres también permite reconocer sus errores
El cariño y el agradecimiento hacia la familia pueden convivir con una revisión honesta de la infancia. Ninguna crianza está libre de equivocaciones, y reconocerlas no elimina lo que se hizo bien.
Del Pliego propone prestar atención a las experiencias positivas y, al mismo tiempo, identificar las que dejaron malestar. Ambas forman parte de la historia personal.
Ese reconocimiento también tiene una aplicación directa en la relación con los propios hijos. Admitir una equivocación permite mostrar que el adulto puede revisar su comportamiento y asumir responsabilidad por él.
Para el especialista, reconocer el daño o el error aporta equilibrio. Evita que las experiencias difíciles queden negadas y da espacio a una necesidad humana básica: que lo vivido sea tenido en cuenta.
Desde esa perspectiva, transmitir una buena herencia familiar incluye la posibilidad de mejorarla. Mantener el afecto por los padres no exige considerar acertado todo lo que hicieron.
Enseñar esfuerzo cuando existen todas las facilidades
La posición económica de Messi añade otra dimensión al debate. Cómo transmitir sencillez, límites y constancia a unos hijos que crecen con grandes oportunidades es una cuestión distinta de cómo conseguir que valoren lo que tienen.
El psicólogo descarta que sea necesario provocar sufrimiento o hacer que los niños se sientan culpables por vivir cómodamente. Su propuesta consiste en permitirles afrontar las dificultades que corresponden a su edad.
Acompañarlos no significa resolver cada obstáculo antes de que puedan intentarlo. También necesitan esforzarse, esperar y comprender que un deseo no siempre obtiene una respuesta inmediata.
Aprender a tolerar esa espera forma parte del proceso. Lo mismo ocurre con aceptar una derrota o reconocer que hace falta ayuda para seguir adelante.
En cuanto a la humildad, Del Pliego sitúa su enseñanza en escenas corrientes: cómo se trata a una persona que presta un servicio, de qué manera se reconoce una equivocación o cuánto respeto se muestra por el trabajo ajeno.
La sencillez se transmite ahí, en comportamientos que los hijos pueden observar y repetir. Reconocer el propio valor sin situarse por encima ni por debajo de otras personas es, para el especialista, una parte esencial de esa actitud.
La intención de Messi de mantener presentes las enseñanzas de sus padres conecta así con un desafío compartido por muchas familias. Conservar los valores que sostuvieron la propia infancia requiere también revisar las formas de transmitirlos. El legado puede continuar sin quedar inmóvil.
Dejad vuestra opinión en los comentarios. ¿Educar exactamente como nos educaron es un homenaje a nuestros padres o una excusa para no revisar sus errores?
