Las hijas de Julio Iglesias reaparecen en Málaga y dejan al descubierto la joya más privada de la familia

El verano ha comenzado donde casi siempre empieza para ellas. Cristina Iglesias y Victoria Iglesias han regresado a Málaga y, como ya es tradición, se han instalado en uno de los lugares más especiales del patrimonio familiar: la finca Cuatro Lunas. Un enclave entre Ojén y Marbella que combina vistas al mar y a la montaña y que, con cada imagen que comparten, confirma por qué es considerado un auténtico refugio de ensueño.

Las gemelas, de 24 años, han mostrado algunos rincones del exterior de la propiedad, poniendo el foco en el espectacular jardín y la piscina infinita que se abre hacia el horizonte. Palmeras perfectamente cuidadas, zonas verdes amplias y una sensación de calma absoluta marcan el paisaje que rodea la casa, diseñada al estilo de un cortijo andaluz clásico, elegante y funcional a partes iguales.

Cuatro Lunas no es una finca cualquiera. Julio Iglesias la adquirió en el año 2000 tras comprarla a un jeque libanés por doce millones de euros. Desde entonces, se ha convertido en uno de los lugares más simbólicos para el artista, que llegó a definirla como el sitio ideal para retirarse. La propiedad se extiende por más de 400 hectáreas y cuenta con todo tipo de comodidades pensadas para el descanso y la privacidad.

En sus terrenos hay varios edificios independientes, distintas piscinas, pista de tenis, caminos para practicar senderismo y hasta dos helipuertos que facilitan el acceso sin comprometer la intimidad familiar. También dispone de bungalows destinados exclusivamente a invitados, una de las claves que permiten a la familia disfrutar del verano lejos de miradas indiscretas.

Las imágenes compartidas por Cristina muestran, además de la piscina infinita rodeada de vegetación, la zona de caballerizas y algunos espacios menos conocidos del recinto. No es la primera vez que las hermanas hacen partícipes a sus seguidores de su verano en España, pero cada publicación vuelve a despertar fascinación por la magnitud y el cuidado de la finca.

El interior no se queda atrás. La casa principal mantiene una decoración clásica, con amplias terrazas pensadas para aprovechar el clima mediterráneo. Entre las estancias más destacadas se encuentran una bodega con capacidad para más de 2000 botellas de vino, un gimnasio completamente equipado y un estudio de grabación, reflejo del vínculo permanente del cantante con la música incluso en su tiempo de descanso.

Cuatro Lunas ha sido escenario de momentos clave para la familia. Allí se celebró la boda de Miranda Rynsburger y Julio Iglesias el 24 de agosto de 2010, tras más de veinte años de relación. Desde entonces, el lugar se ha consolidado como punto de encuentro familiar cada verano.

El exterior de la finca está poblado por árboles centenarios como alcornoques, encinas y cipreses. También cuenta con huertos propios que permiten una cosecha ecológica, reforzando la idea de autosuficiencia y vida tranquila que siempre ha defendido el artista. Aunque Julio Iglesias reparte su vida entre Miami y República Dominicana, esta finca sigue siendo una de las grandes joyas de su legado.

En su momento, el cantante llegó a ponerla a la venta por 145 millones de euros, una cifra que refleja no solo su tamaño, sino el nivel de exclusividad que ofrece. Aun así, Cuatro Lunas continúa siendo sinónimo de privacidad absoluta, algo fundamental para la familia, especialmente durante los meses de verano.

Julio Iglesias siempre ha hablado de esta propiedad con especial cariño. Incluso plantó con sus propias manos algunos de los árboles que hoy crecen en sus terrenos. En palabras del propio artista, fue el resultado del esfuerzo colectivo de muchas personas y de un sueño construido con tiempo y dedicación, hasta convertirse en una finca de belleza singular en la Costa mediterránea.

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