Ana Cristina Portillo ha cambiado el asfalto por la nieve y ha hecho de Sierra Nevada su refugio invernal durante unos días. Entre esquís, paseos y paisajes blancos, la diseñadora ha dejado claro que el frío no es excusa para renunciar al estilo. Al contrario. Cada imagen compartida revela un vestuario pensado al detalle, donde la comodidad convive con una estética muy personal.
Hija de Sandra Domecq, hermana de Alejandra, Eugenia y Claudia Osborne, y alguien a quien Bertín Osborne siempre ha considerado una hija más, Ana Cristina lleva tiempo construyendo su propio universo creativo, lejos del ruido y las etiquetas. Diseñadora y acuarelista, su forma de vestir es una extensión natural de su mirada artística.

En esta escapada a la nieve, uno de los conjuntos que más miradas ha provocado mezcla punto, pana y color con una naturalidad poco común en la moda de montaña. El protagonista es un jersey multicolor de la firma Colville, con dibujo geométrico en rombos y una paleta cálida que va del burdeos al amarillo, pasando por blancos, negros y tonos terracota. Una prenda con carácter, pensada para destacar incluso cuando todo alrededor es blanco.

El jersey se apoya en un pantalón de pana de aire setentero: el modelo Le New 70’s de Sézane. Talle alto, pernera recta, bolsillos delanteros de parche y cierre clásico de cremallera y botón. Cuesta 125 euros y cumple con lo que promete: estructura, comodidad y un guiño retro que define el conjunto sin hacerlo rígido.

Pero el detalle que termina de contar la historia está en el cuello. Ana Cristina ha elegido un pañuelo diseñado por ella misma, de su firma Ana Cristina P.D. Se trata del modelo Turmalina Rubelita, confeccionado en twill de seda italiana 100%, con un precio de 50 euros. Los tonos burdeos y los patrones dinámicos se inspiran en esta piedra asociada al amor y la pasión, y convierten el look en algo íntimo, casi autobiográfico.

No ha sido el único estilismo de la escapada. En otras imágenes aparece envuelta en un abrigo de pelo blanco, con bordados en los hombros y un marcado aire tribal que rompe la pureza del color. Lo combina con botas camperas de piel marrón, de cordones, prácticas para la nieve sin perder coherencia estética, y mitones azules de Again Cashmere que refuerzan esa sensación de abrigo bien pensado.

Nada en su forma de vestir es casual. Ana Cristina defiende una moda atemporal, ligada a la artesanía y a la memoria. “Yo sigo teniendo y usando piezas de mi madre, modas que no se han ido o modas que vuelven. Creo que nosotros somos atemporales, y que tenemos que llevar piezas que reflejen nuestra esencia: algo que me ponga hoy y que me pueda poner dentro de 20 años”, ha explicado en más de una ocasión.

Esa filosofía atraviesa también su trabajo creativo. Su imaginario bebe del arte y la historia: Monet, Georgia O’Keeffe o Sorolla conviven con referencias al Renacimiento, al gótico o a la arquitectura de Gaudí. En moda, siente admiración por el Dior más bohemio y libre, aunque insiste en que su mayor inspiración nace siempre de la vida cotidiana, la luz y la naturaleza. Y esta escapada a la nieve lo confirma sin necesidad de palabras.
