Paula Echevarría combina años de entrenamiento con cuidados estéticos, pero su último tratamiento incorpora una promesa que va más allá de la silueta. Se trata del láser verde o esmeralda, presentado por los profesionales que lo utilizan como una herramienta para reducir grasa localizada. También lo relacionan con la energía y la longevidad celular, unas afirmaciones que conviene distinguir de los resultados concretos sobre el contorno corporal.
La actriz mantiene una rutina en la que caben tanto el ejercicio como los placeres de la mesa. Ha reconocido que disfruta de la gastronomía asturiana, sin que eso implique abandonar sus entrenamientos. Su manera de cuidarse incluye alimentación, descanso, relaciones personales y tratamientos en cabina.

En esa combinación, el deporte tiene una trayectoria larga. Echevarría lleva nueve años practicando Ballet Workout, el método creado por la exbailarina Yasmina Sancayo. Esta disciplina adapta movimientos del ballet en secuencias coreografiadas destinadas a trabajar la musculatura de todo el cuerpo.

A esas sesiones añade entrenamiento de fuerza con Juanjo Rodríguez, conocido como Juanjo Trainer, dos o tres veces por semana. Por tanto, el tratamiento estético se incorpora a unos hábitos ya establecidos, con distintas formas de ejercicio que forman parte de su vida desde hace tiempo.

Después del embarazo de su segundo hijo, Miki, que tiene cinco años, también recurrió a los hipopresivos con Raquel López, de Mamifit, dentro de su trabajo de recuperación del suelo pélvico. Esa etapa añadió otra práctica a su rutina, junto con la alimentación equilibrada que procura mantener.

Ahora, el láser esmeralda ocupa un lugar entre sus cuidados. La atención se centra en su utilización para tratar acumulaciones de grasa en zonas determinadas, aunque quienes lo ofrecen también destacan otros posibles efectos. Ahí aparece el discurso sobre el funcionamiento celular que acompaña a este dispositivo.
Natalia de la Vega, fundadora de Tacha Beauty, atribuye al tratamiento una acción sobre las mitocondrias y lo vincula con una mejor sensación de energía. También le adjudica propiedades antiinflamatorias y señala que, después de tres años utilizándolo en su centro, la experiencia de sus pacientes es positiva.
De la Vega lo describe como un tratamiento de longevidad. Esa es su valoración, pero hablar de sentirse mejor o de una posible acción celular no equivale, por sí solo, a demostrar que una intervención prolongue la vida. Son afirmaciones de distinto alcance que no deberían confundirse al explicar qué puede esperar una persona de estas sesiones.
El doctor Moisés Amselem, responsable del servicio de estética del grupo DEMYA en Madrid, pone el acento en la selección del paciente. Según explica, los resultados pueden ser muy favorables cuando existe una indicación adecuada. Destaca que el dispositivo trabaja sin contacto directo con la piel y afirma que el procedimiento no resulta doloroso ni exige un periodo de baja.
Amselem también menciona investigaciones sobre esta tecnología y su autorización por la FDA. Esa referencia debe entenderse en relación con las indicaciones autorizadas del dispositivo, sin extenderla automáticamente a todas las promesas sobre energía, rejuvenecimiento o longevidad que puedan acompañar su presentación comercial.
En cuanto a su funcionamiento, el médico explica que emplea láseres de baja intensidad que no generan calor. Según su descripción, provocarían una apertura temporal en las células grasas que permitiría liberar parte de su contenido, para su posterior procesamiento y eliminación por el organismo. El objetivo planteado es reducir el volumen de esas células.
La valoración previa sigue siendo una parte esencial del procedimiento. Aunque Amselem señala que puede contemplarse en pacientes con un índice de masa corporal de hasta 40, esa cifra no basta para determinar quién debería recibirlo. La decisión requiere estudiar cada caso y establecer si el tratamiento resulta apropiado.
Los profesionales consultados sitúan la duración habitual de una sesión en torno a los treinta minutos. También indican que un programa de ocho sesiones puede ofrecer cambios apreciables, aunque esa previsión no constituye una garantía individual. Cuando el trabajo se concentra en una zona específica, hablan de unos quince minutos por área.
Entre las zonas que mencionan figuran abdomen, cintura, caderas, muslos, brazos y glúteos. Añaden áreas más pequeñas, como la acumulación junto al tirante del sujetador, las rodillas, los tobillos o la papada. La elección depende de la evaluación y del objetivo que se haya establecido para cada paciente.
Desde Tacha subrayan otra diferencia: presentan Emerald como una tecnología que reduce el tamaño de las células grasas sin destruirlas. El centro defiende esa característica frente a procedimientos que sí las eliminan y plantea posibles inconvenientes de estos últimos a largo plazo. Esa comparación forma parte de su explicación del protocolo y no permite establecer que una opción sea superior en todas las situaciones.
El propio Amselem, que señala que lleva aproximadamente doce años utilizando tratamientos basados en luz, introduce un límite importante a las expectativas. El resultado, recuerda, no puede quedar enteramente en manos de una máquina. En su planteamiento también cuentan la alimentación adecuada, la hidratación, la actividad física y evitar hábitos perjudiciales.
La rutina de Paula reúne precisamente varios de esos elementos: entrenamiento continuado, cuidados tras el embarazo y atención a sus hábitos diarios. El láser es una incorporación a ese conjunto, mientras que las grandes promesas sobre longevidad requieren una explicación más precisa que una experiencia satisfactoria en cabina. ¿Se está vendiendo demasiada juventud cuando un tratamiento para el contorno corporal empieza a presentarse como una apuesta por la longevidad?
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