La pamela que cambió a Letizia: su sorprendente apuesta para la boda de Luxemburgo

Una pamela ladeada, un vestido por encima de las rodillas y un abrigo con bordados florales. Así acudió doña Letizia a la boda de Guillermo de Luxemburgo y Stéphanie de Lannoy el 20 de octubre de 2012. Catorce años después, las imágenes permiten recuperar una elección que muestra una faceta menos habitual de su vestuario: la de una invitada que concedió al tocado un protagonismo difícil de ignorar.

La ceremonia, celebrada en la Catedral de Nuestra Señora de Luxemburgo, reunió a numerosos miembros de las casas reales europeas. La reciente sucesión de Enrique de Luxemburgo por su hijo Guillermo ha vuelto a poner el foco sobre aquella celebración, en la que los estilismos de las invitadas también dejaron imágenes para el recuerdo.

Entre ellas estaba la entonces princesa de Asturias. Para esa cita, Letizia recurrió a Felipe Varela, el diseñador que ocupaba un lugar central en su armario durante aquellos años. La elección mantuvo esa confianza, aunque el resultado incorporó un accesorio que no suele definir su imagen.

El conjunto combinaba un vestido de crepé en tono topo con un abrigo de guipur de seda en color maquillaje. Sobre este último destacaban los bordados de flores y los detalles de pedrería, que añadían relieve a una propuesta construida alrededor de colores suaves. El largo del vestido, por encima de las rodillas, completaba una silueta distinta de la que suele asociarse a los grandes vestidos de ceremonia.

Los complementos seguían la misma línea cromática. Tanto la cartera de mano, de ante empolvado, como los salones a juego llevaban también la firma de Felipe Varela. Todo mantenía una continuidad visual que dejaba espacio para que la pamela destacara.

Y fue precisamente ese accesorio el que dio al conjunto su rasgo más reconocible. Aunque los tocados no figuran entre las piezas más habituales de doña Letizia, en Luxemburgo siguió el protocolo con un modelo de Pablo y Mayaya que estrenó para la ocasión.

La pieza estaba confeccionada en paja italiana y llevaba uno de los laterales del ala levantado. Una banda de organza y los adornos de plumas completaban el diseño. Su colocación ladeada modificaba el perfil del conjunto y aportaba un contraste visible con la delicadeza de los tonos del abrigo y del vestido.

Letizia compartió aquella celebración con otras invitadas cuyas elecciones también merecen una segunda mirada. Máxima de Países Bajos llevó un llamativo tocado de plumas; Mary de Dinamarca incorporó un bolso de estampado animal, y Carolina de Mónaco eligió un Chanel histórico.

Las fotografías de aquella boda conservan así varias maneras de interpretar una gran cita real. En el caso de Letizia, permiten recuperar una combinación muy concreta: la confianza en su diseñador habitual y una pamela poco frecuente en su vestuario. ¿Fue una de sus apuestas más acertadas o un look al que el protocolo le ganó la partida?

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