Mariló Montero se resiste a recomendar libros, pero muestra el de Vicente Vallés

Mariló Montero tiene reparos a la hora de decirles a los demás qué deberían leer. Para ella, abrir un libro pertenece a un terreno demasiado personal como para convertir cada lectura en una recomendación. Sin embargo, su última publicación ha dejado a la vista una elección concreta: entre sus manos aparece una novela de Vicente Vallés.

La periodista compartió el jueves 8 de octubre un álbum de fotografías acompañado de dos palabras: «Qué paz». En las imágenes se la ve sentada en un banco, al aire libre, dedicada a la lectura. El título que ocupa ese momento de tranquilidad es La caza del ejecutor, publicado por Vallés en 2025.

El detalle resulta llamativo por lo que Mariló había explicado pocos días antes. La comunicadora describía la lectura como «un placer muy íntimo y personal» y reconocía que recomendar libros no le resulta sencillo. También defendía la importancia de seguir leyendo, incluso cuando lo leído no termina dejando una huella duradera.

Ahora ha mostrado qué libro la acompaña, aunque sin publicar una crítica ni explicar qué impresión le está causando. Esa diferencia importa: las fotografías permiten identificar su lectura, pero no atribuirle una opinión que todavía no ha expresado.

Para esa pausa al aire libre, Mariló eligió un jersey blanco con lazada y unos vaqueros. Completó el conjunto con zapatos de tacón de estampado animal y gafas de sol de Chanel. Un vestuario con varios detalles reconocibles en un álbum cuyo centro es, precisamente, una actividad que ella relaciona con la calma.

La historia que sostiene entre las manos tiene bastante menos sosiego que la escena. La caza del ejecutor se mueve entre espionaje, conspiraciones internacionales y una cadena de asesinatos relacionada con los servicios secretos rusos. La investigación de la novela queda en manos de agentes del CNI y de la CIA.

Así, mientras las fotografías muestran una pausa tranquila en un banco, las páginas introducen una trama de intriga internacional. Es el contraste más evidente de una publicación en la que Mariló apenas necesita escribir para revelar cómo está pasando ese rato.

Su relación con los libros ya había ocupado otra publicación reciente. El 22 de septiembre hizo una excepción a sus reservas sobre las recomendaciones y habló de El lobo estepario, de Hermann Hesse. Aquella lectura le sirvió para explicar cómo prepara en casa un espacio en el que concentrarse y disfrutar.

En ese mensaje describía su costumbre de encender velas cuando empieza a caer el sol sobre las terrazas vecinas. La luz del salón y el orden del espacio formaban parte de ese momento reservado para leer. Su reflexión vinculaba el hogar con los gustos de quien lo habita y con la posibilidad de sentirse protegido entre sus propias cosas.

Diez días después volvió a detenerse en el mismo hábito, esta vez con un periódico de papel y un café. En lugar de hablar de una novela, se fijó en los gestos de pasar las páginas, en su sonido y en el olor del papel.

Mariló reconocía también la rapidez y la comodidad del iPad. Su reflexión no discutía que las noticias estuvieran disponibles en una pantalla: señalaba que la experiencia de leerlas cambia según el soporte. Se identificaba con una generación acostumbrada a descubrir lo que sucede pasando páginas y dedicando algo más de tiempo a cada una.

Las tres publicaciones muestran distintas formas de reservar un rato para leer: en el salón al caer la tarde, delante de un café o sentada al aire libre. En la última, el nombre de Vicente Vallés aparece ligado a esa pausa, aunque la valoración de su novela sigue pendiente. ¿Mostrar un libro así ya funciona como recomendación, aunque quien lo enseñe se resista a recomendarlo?

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