Ana Boyer ha compartido una imagen que resume su momento familiar: su hija Mía en brazos, una jornada de diversión por delante y sus cuatro hijos disfrutando de la vida que han construido en Catar. La fotografía pertenece a una visita a Lusail Winter Wonderland, el parque de atracciones elegido por Ana y Fernando Verdasco para pasar unas horas juntos. Una salida que pone rostro a lo que ella acaba de explicar durante su reciente paso por Madrid: por ahora, regresar a España no entra en sus planes inmediatos.
La hija de Isabel Preysler viajó a la capital para atender un compromiso profesional con la firma de joyería Rabat. Allí habló de su día a día en Doha y de la razón que más pesa a la hora de mantener su residencia: sus hijos están felices. Tienen amigos, van al colegio y cuentan con unas rutinas en las que se sienten cómodos.

Verlos tan integrados hace que el matrimonio no encuentre motivos para cambiarles de vida en este momento.
Ana reconoció que tampoco ellos sienten la necesidad de marcharse. Tanto ella como Fernando están a gusto en Catar y, aunque España sigue muy presente en sus conversaciones sobre el futuro, todavía no ponen fecha a la vuelta. La decisión pasa por el bienestar de los niños y por una adaptación que, según explicó, ha sido muy positiva para todos.

Las imágenes de su jornada en Lusail Winter Wonderland muestran precisamente esa faceta familiar. El recinto se encuentra en la isla de Al Maha, dentro de una de las zonas de entretenimiento de Catar, y reúne más de un centenar de atracciones, además de actuaciones en directo y numerosos espacios para comer y beber.

Una propuesta con opciones para distintas edades, algo especialmente útil para una familia con cuatro pequeños.

Miguel, de siete años; Mateo, de cinco; Martín, de dos, y Mía, nacida el pasado 4 de mayo, acompañaron a sus padres en esta salida. Entre las fotografías destaca la de Ana sosteniendo a la benjamina, todavía un bebé de cinco meses, mientras comparten el paseo por el parque. La visita llega pocos días después de otro plan de ocio en el que la familia disfrutó de actividades acuáticas con varios amigos.

La llegada de Mía ha abierto una etapa especialmente ilusionante en casa. Después de tener tres niños, saber que esperaban una hija fue una noticia que alegró a toda la familia. Ana ha explicado que aquel momento tuvo un significado muy especial para ellos y que ahora disfruta viendo cómo la pequeña crece acompañada por sus hermanos mayores.
Los tres están encantados con ella. Para su madre, una de las cosas más bonitas de estos primeros meses es observar el cariño con el que Miguel, Mateo y Martín rodean a Mía. La niña se ha incorporado así a una casa donde ya había tres hermanos preparados para compartir con ella su mundo.
Sobre su carácter, Ana la describe como una bebé dulce y tranquila. En cuanto al parecido físico, todavía le resulta imposible adjudicarle uno solo: algunos días encuentra en su cara gestos de Miguel y, en otros momentos, reconoce rasgos que le recuerdan a Mateo o a Martín. Esa mezcla de semejanzas se ha convertido en otro de los detalles que observa mientras la ve crecer.
La historia de Ana y Fernando empezó mucho antes de estas imágenes de familia numerosa. Se conocieron en 2012 durante un concierto de Enrique Iglesias y conectaron, aunque aquel encuentro no dio paso inmediatamente a una relación. Cada uno continuó con su vida hasta que volvieron a coincidir un año después. Entonces sí comenzaron una historia que los llevaría a casarse y a formar la familia que tienen hoy.
Desde 2016 residen en Doha, concretamente en La Perla, una zona conocida por sus parques y por las posibilidades de ocio para los niños. Allí viven en un apartamento con vistas al mar y han encontrado una rutina que Ana define como tranquila y muy centrada en la familia.
Pasar tiempo juntos ocupa un lugar importante en esa vida. Aprecian especialmente la seguridad, la privacidad y la calma que sienten en la ciudad. Fernando también ha expresado su deseo de permanecer allí muchos años más: ambos se consideran plenamente adaptados, tanto a Doha como al país.
Eso no significa que hayan renunciado a regresar a España. Ana mantiene la ilusión de volver en algún momento, porque aquí están sus raíces y le gustaría que sus hijos desarrollaran ese mismo vínculo. También desea que puedan formar su propio círculo de amigos en el país al que sus padres siguen sintiéndose unidos.
De momento, las visitas a Madrid permiten alimentar esa relación. Los niños se sienten en casa cuando llegan y disfrutan de tener cerca a su abuela Isabel Preysler y a su tía Tamara, a quienes adoran. Entre esos reencuentros y su rutina en Catar, Ana y Fernando siguen construyendo una vida que hoy les funciona, sin cerrar la puerta al regreso. ¿Debe pesar más el deseo de volver a tus raíces o sería injusto cambiar de país a unos hijos que ya han encontrado su sitio?
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