Lo que comenzó como una angustiosa emergencia médica para Anabel Pantoja y David Rodríguez ha vuelto a ocupar el centro de la atención pública más de un año después. La situación se remonta a enero de 2025, cuando Alma, la hija de la pareja, apenas contaba con unas semanas de vida y tuvo que ser ingresada de urgencia durante 18 días en el Hospital Universitario Materno Infantil de Gran Canaria.
Aquellos días estuvieron marcados por la preocupación y la incertidumbre. Aunque la pequeña logró recuperarse favorablemente, la gravedad de las lesiones detectadas activó los protocolos de protección a menores. A raíz de ello, se abrió una investigación judicial para esclarecer lo ocurrido. Tanto Anabel Pantoja como David Rodríguez prestaron declaración y colaboraron con las autoridades desde el inicio del procedimiento.

Ahora, un año y cuatro meses después de aquellos hechos, los especialistas de la Unidad de Valoración Forense Integral de Violencia Contra la Infancia y la Adolescencia del Instituto de Medicina Legal de Las Palmas han emitido su informe definitivo. En sus conclusiones sostienen que la menor sufrió un fuerte movimiento brusco que provocó un derrame cerebral, una valoración que ha adquirido un peso clave dentro de la causa judicial.

El documento recoge que Alma fue atendida inicialmente en la Clínica Roca antes de ser trasladada al Hospital Materno Infantil, donde ingresó en la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos. Allí se le practicaron numerosas pruebas para determinar el origen de las lesiones. Los profesionales sanitarios consideraron necesaria la intervención de la justicia y comunicaron el caso al juzgado correspondiente.

Según la reconstrucción incluida en la investigación, los hechos habrían ocurrido la tarde del 9 de enero en el centro comercial Mogán Mall. Los forenses sitúan el foco en el momento en que David Rodríguez permaneció a solas con la bebé dentro del vehículo mientras Anabel realizaba unas compras. El fisioterapeuta explicó ante el juez que intentó reaccionar al percibir que la niña tenía dificultades para respirar y reconoció haberle dado unos golpes suaves con la intención de estimularla.
Además del análisis médico, los especialistas realizaron una evaluación completa del entorno habitual de la menor para examinar posibles vínculos relacionados con lo sucedido. Paralelamente, los expertos han insistido en que este tipo de diagnósticos requieren largos periodos de observación para determinar con precisión la evolución de las lesiones y sus consecuencias.
El periodista Francisco José Fajardo explicó que los médicos forenses deben esperar aproximadamente un año antes de cerrar definitivamente este tipo de informes. El objetivo es conocer con mayor exactitud el alcance real de los daños y establecer una valoración clínica sólida sobre cuándo y cómo pudieron producirse las lesiones detectadas.
Por el momento, todavía no existe una respuesta definitiva sobre posibles secuelas a largo plazo. Los especialistas recuerdan que algunas consecuencias neurológicas pueden manifestarse incluso años después del episodio inicial, por lo que el seguimiento médico continúa siendo fundamental.
El denominado síndrome del bebé zarandeado consiste en un conjunto de lesiones cerebrales causadas por movimientos bruscos que someten la cabeza del menor a fuertes aceleraciones y desaceleraciones. Este mecanismo puede provocar daños importantes al hacer que el cerebro impacte contra el interior del cráneo, generando distintas lesiones neurológicas.
Los expertos señalan que el diagnóstico no siempre resulta sencillo. No existe una prueba única que permita confirmarlo de manera inmediata, por lo que suele apoyarse en diversos indicios clínicos y oftalmológicos. Las consecuencias pueden variar enormemente de un caso a otro, desde problemas leves que pasan desapercibidos hasta complicaciones graves relacionadas con el desarrollo, la coordinación motora, la visión o el aprendizaje. En los casos más severos, el riesgo para la salud del menor puede ser extremadamente elevado.
