Cuando Ruby, la hija de Jamie Lee Curtis, finalmente se decidió a contarles la verdad a sus padres, no fue capaz de decirlo en voz alta.
Le pareció que enviarle un mensaje por teléfono era la única forma de superar su miedo.

«Estaba temblando de miedo… Solo por decirles algo sobre mí que nunca habían sabido. Era como saltar a la oscuridad», confesó Ruby.
«Pero sabía que no tenía por qué temer su reacción. Siempre me habían aceptado».
Jamie Lee Curtis, al recibir el mensaje, la llamó inmediatamente. Sin pensarlo, sin formular frases, simplemente pulsó «llamar».
«Sí, hubo lágrimas… muchas lágrimas», recuerda la actriz. «Pero no eran lágrimas de miedo. Más bien de alivio».

Ahora Curtis aprende cada día a vivir en la nueva realidad de su hija, no como estrella, ni como activista, sino como madre que intenta no caer de bruces.
«Es como aprender un nuevo idioma», admite. «No finjo que lo entiendo todo. Solo quiero cometer menos errores».

Ruby, por su parte, sintió por primera vez que podía ser ella misma. Se permitió una transformación con la que antes solo podía soñar: una nueva apariencia, franqueza, su propio camino.
Y lo más importante: un camino que su familia recorre con ella, paso a paso, sin coacción, sin presión, simplemente con amor y con el intento de comprender.
