Los paparazzi pillaron a North West, la hija de Kim Kardashian y Kanye West, en las calles de Nueva York, y su look causó tal revuelo que parecía que un pequeño Kanye con falda había salido al centro de Manhattan.

North, de 11 años, apareció con unas sandalias de plataforma gigantes, unas gafas enormes «de estrella adulta» y el pelo teñido de un color más brillante que los looks de su madre en sus épocas más escandalosas. La gente se giraba en la calle, algunos con una sonrisa, otros con una mirada de «¿qué está pasando aquí?».
La niña caminaba con seguridad, mirando su teléfono como si no fuera un paseo, sino una gira mundial. Las gafas le cubrían la mitad de la cara y los enormes accesorios daban la sensación de que ante el público no había una niña, sino una versión en miniatura de Kim, criada en el decorado de un reality show.

Junto a ella caminaba su amiga, vestida «como una adolescente normal», lo que solo reforzaba el contraste: North parecía haber escapado del rodaje de otro programa de las Kardashian.
Los testigos confesaron que interrumpieron el ritmo de la calle solo para poder verla una vez más:
«Da la sensación de que Kanye está experimentando de nuevo con el estilo… solo que a través de su hija».
