Aldo Comas ya no despierta interés únicamente por sus cuadros o por su matrimonio con Macarena Gómez. Sus intervenciones sobre política y actualidad también lo han colocado bajo los focos. El artista expresa sus posiciones con claridad y no esquiva los asuntos que generan discusiones, una forma de participar en el debate público que le ha traído críticas y más de una controversia.
Pero esa tensión no parece acompañarlo cuando termina de hablar y regresa a su vida familiar. Así lo ha explicado Macarena al responder a una pregunta muy concreta:

si su marido vuelve a casa enfadado después de discutir sobre política. La actriz, lejos de mostrar preocupación por sus intervenciones televisivas, ha dejado claro que disfruta escuchándolo y que admira su facilidad para expresarse y desarrollar sus argumentos.

«A mí me encanta cuando mi marido habla», ha afirmado. Para Macarena, su capacidad para conversar resulta «alucinante». Además, lo que Aldo le cuenta sobre su experiencia dista bastante de la imagen de enfrentamiento que puede transmitir un debate desde fuera: según ha relatado la intérprete, él asegura que se divierte y que los participantes mantienen una buena relación, independientemente del partido con el que se identifiquen.

Su respuesta también permite entender cómo vive la pareja esa exposición. Mientras las opiniones del pintor provocan reacciones públicas, en casa él le transmite que disfruta participando en esas conversaciones. Macarena respalda su manera de comunicarse y cuenta lo que su marido le explica de la convivencia entre personas que defienden posiciones distintas. Las discrepancias políticas, según ese relato, no impiden que se lleven bien.

Ese apoyo forma parte de una relación que suma 13 años de matrimonio. La actriz cordobesa y el artista se casaron el 29 de junio de 2013 en la iglesia de Sant Miquel de Fluvià, en Girona. La ceremonia consolidó una historia que había comenzado lejos de allí, gracias a un encuentro casual en Buenos Aires que ninguno de los dos había planeado.
Se conocieron en un bar del barrio de Palermo. Aldo inició la conversación diciéndole que le recordaba a Miércoles Addams y acabaron charlando. Sin embargo, aquel primer acercamiento no tuvo una continuación inmediata. El siguiente encuentro llegó cuando él viajó a Madrid para ofrecer un concierto con su grupo, San Leon, y Macarena apareció entre el público. Comas sitúa precisamente en aquella noche el momento en que se enamoraron.
Dante, una personalidad muy distinta a la de su madre
Durante la presentación de Te quiero si no estás, la obra teatral que comparte con Patricia García Méndez, Macarena también habló de su faceta familiar. Entre los detalles que contó sobre su vida cotidiana, hubo espacio para Dante, el único hijo del matrimonio, que tiene 11 años y que, por ahora, no parece compartir las mismas inquietudes profesionales que sus padres.
La actriz no ve en él una intención clara de dedicarse a la interpretación. Tampoco asegura saber qué camino elegirá, porque el propio niño todavía no lo tiene decidido. Esa incertidumbre contrasta con lo que ella recuerda de su infancia: Macarena sí sabía que quería convertirse en actriz y tenía una vocación definida que, de momento, no reconoce en su hijo.
Si tuviera que imaginarlo trabajando en el sector audiovisual, lo situaría en una función alejada del protagonismo ante el objetivo. Lo ve más detrás de las cámaras que delante de ellas, aunque lo plantea como una impresión personal, no como una decisión tomada por Dante. La explicación que ofrece es sencilla: su hijo es tímido y tiene una forma de ser diferente a la suya.
Dante nació el 3 de abril de 2015, dos años después de la boda, y comparte cumpleaños con su padre. A pesar de la notoriedad de Macarena y Aldo, ambos han procurado que crezca con discreción y han protegido su anonimato. Las pequeñas pinceladas que la actriz comparte sobre él permiten conocer algo de su carácter sin convertir su infancia en una exposición constante.
El trabajo también entra en casa
La conversación dejó, además, una confesión sobre cómo conviven dos personas con profesiones creativas. Al preguntarle quién se lleva el trabajo al hogar, Macarena explicó que, en el caso de Aldo, la respuesta es inevitable: pinta en casa, de modo que su actividad profesional forma parte del espacio en el que también transcurre la vida familiar.
Para ella, separar ambos ámbitos requiere otro esfuerzo. Necesita estudiar sus papeles y dedica muchas horas a hacerlo en casa, pero intenta dejar atrás a sus personajes cuando termina de trabajar. Preparar un rodaje implica seguir vinculada al oficio fuera del plató, aunque su intención sea recuperar su propia voz y sus hábitos al acabar la jornada.
Sin embargo, esa separación no siempre resulta tan sencilla. Macarena reconoció que su marido le ha señalado alguna vez que, durante un rodaje, continuaba comportándose como el personaje. Entre los cuadros de Aldo, los textos que ella estudia y la crianza de Dante, ambos comparten una casa en la que el trabajo tiene una presencia cotidiana. Su relato cierra con esa cercanía, aunque su defensa pública del artista deja abierto otro debate: ¿por qué tendría que justificar Macarena Gómez que disfruta escuchando a su marido solo porque sus opiniones políticas incomodan a otros?