Almudena Ariza, de 63 años, se sentó frente a David Broncano para presentar su primer libro, Vidas con nombre: Historias reales de Gaza y Cisjordania. La periodista, que trabaja como corresponsal en Bogotá, llegó acompañada de su marido, Luis Valdés. En cuanto las cámaras lo enfocaron, a Ariza le salió un piropo espontáneo. «¡Mira qué guapo! ¡Mira qué pelo!», dijo entre risas. Después cambió el tono y aseguró que lo que más le gusta de Luis es su forma de ser. Él, visiblemente emocionado, le lanzó un beso.
Valdés, que trabaja en el sector turístico, explicó que pasan buena parte del año en lugares distintos por sus respectivos trabajos.

Cuando consiguen cuadrar las agendas, incluso buscan un destino intermedio. En una ocasión, ella estaba en Israel y él en Barcelona. Acabaron reuniéndose en Grecia, donde aprovecharon un fin de semana largo para recorrer juntos el Peloponeso.

Después de 18 años juntos, Ariza cree que su afición compartida por viajar explica buena parte de lo bien que se entienden. Luis también se mueve mucho y ha vivido experiencias que a ella le encanta escuchar. En su caso, cada destino despierta además su curiosidad de reportera. Le gusta explorar, hablar con quienes viven allí y encontrar historias que contar. Como ella misma admitió, ejerce de periodista las 24 horas del día.

Luis recordó una escena que lo ilustra. Por entonces él vivía en Río de Janeiro y Almudena estaba destinada en China. Ella fue a visitarlo y los dos estaban de vacaciones en Río, donde llevaba varios días lloviendo sin parar. Cuando se enteró por televisión de que habían muerto 90 personas en la ciudad, Ariza llamó enseguida a su redacción y se ofreció a cubrir la noticia, ya que estaba allí. Luis contó entre risas que, a partir de esa llamada, tardó tres días en volver a verla.
La anécdota dio paso a una confesión de lo orgulloso que se siente de ella. Valdés aseguró que admira la entrega con la que Almudena se toma su trabajo y bromeó con que se considera su segundo mayor admirador. El primer puesto, dijo, le corresponde a la madre de la periodista.
La historia de los dos empezó bailando salsa en Barcelona. Ariza se había divorciado en 2007 del periodista Juan Antonio Carbajo, padre de sus hijos, Adrián y Paula. Con Luis volvió a encontrar pareja y en 2016 se casaron en Nueva York. Ella misma recordó su boda tiempo después, mientras recorría algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad. Desde aquel encuentro en la pista de baile, han hecho sitio para su relación entre destinos, viajes y llamadas de trabajo que a veces les cambian los planes.
Contadnos qué pensáis en los comentarios. ¿Admiraríais a vuestra pareja si dejara en suspenso unas vacaciones juntos para ponerse a trabajar o le pediríais que, por una vez, dejara el móvil apagado?