Poco sueño, comidas cuando se puede y dos niños pequeños que marcan el ritmo del hogar. Alejandra Rubio ha contado cómo está viviendo la maternidad junto a Carlo Costanzia durante una salida poco habitual para la pareja. Su balance combina el cansancio de estas semanas con una certeza: está contenta con la familia que han formado.
Alejandra Rubio y Carlo Costanzia cambiaron por una noche los planes domésticos por una celebración en Madrid. La pareja acudió al quinto aniversario del tablao La Carmela, celebrado en el Teatro Calderón, y posó abrazada y sonriente ante los fotógrafos.

La aparición llegó en una etapa volcada en sus dos hijos. El mayor, Carlo, nació el 5 de diciembre de 2024; la pequeña Tessa llegó a la familia el pasado 29 de agosto. Con dos niños de edades tan próximas, la organización diaria ocupa buena parte de su atención.

Hasta esta salida, sus planes habían estado centrados en pasar tiempo con ellos, entre mañanas en familia y tardes de juegos en casa. Alejandra explicó que era la primera vez que se separaban de los pequeños para asistir juntos a un evento de estas características.

Una noche de flamenco y una confesión sobre Carlo
Durante el encuentro con la prensa, Alejandra, de 26 años, habló con naturalidad de su afición al flamenco. Aseguró que le gusta mucho e incluso reconoció que se defiende cuando se trata de bailarlo, aunque la vergüenza le impide mostrarlo con facilidad.
La conversación también dejó una pequeña revelación sobre su pareja. Según contó entre risas, Carlo canta muy bien. En cambio, todavía no lo ha visto bailar flamenco, aunque sí otros estilos.
Fue una de las intervenciones más distendidas de una noche en la que coincidieron con otros invitados conocidos. Entre ellos estaban Eugenia Martínez de Irujo y su marido, Narcís Rebollo, además de José Ortega Cano, que acudió acompañado por su hija Gloria Camila.
Las fotografías de la pareja recogieron sus abrazos y sonrisas durante el posado. Después, al hablar de lo que ocurre en casa, Alejandra describió una rutina bastante menos ordenada que la imagen de una salida preparada para un evento.
Dormir poco y encontrar un momento para comer
La hija de Terelu Campos y Alejandro Rubio confirmó que los niños se encuentran bien. Pero, al explicar cómo lleva esta segunda maternidad, no ocultó las dificultades de atender a dos pequeños.
“Duermo poco, como cuando puedo… Es un caos ahora mismo la casa”, reconoció.
Sus palabras resumieron el momento familiar sin adornarlo. El descanso es escaso, las comidas dependen de los huecos que encuentra y el funcionamiento del hogar está condicionado por las necesidades de los niños.
La llegada de Tessa ha ampliado una familia en la que Carlo todavía es muy pequeño. Alejandra no presentó estas semanas como una etapa sencilla ni como una rutina que ya tenga completamente controlada. Admitió el desorden y el cansancio mientras explicaba lo satisfecha que se siente con su vida actual.
Esa convivencia entre agotamiento y felicidad fue el centro de su relato. Puede estar durmiendo menos de lo que necesita y, al mismo tiempo, considerar que está viviendo la vida que deseaba.
Su prioridad está en los niños
Alejandra aseguró que se encuentra tranquila y centrada en cuidar a sus hijos. Al hablar de este momento, destacó la suerte que siente tener y la satisfacción que le produce dedicarse a ellos.
Su intervención estuvo enfocada en esa vida cotidiana, lejos de entrar en las polémicas que rodean a su familia. La atención está puesta en Carlo y Tessa y en la etapa que comparte con su pareja.
La salida al Teatro Calderón fue, por tanto, una excepción dentro de unas semanas dominadas por la crianza. Una oportunidad para acudir juntos a una celebración y conversar con la prensa, antes de regresar a una casa que, según su propia descripción, atraviesa un momento de bastante caos.
Lo que sabía del viaje de Mar Flores
También hubo preguntas sobre Mar Flores. Horas antes del evento, la madre de Carlo Costanzia había hablado en televisión de una decepción sentimental vinculada a un viaje al Sudeste Asiático.
Según explicó, tenía previsto realizar aquella escapada en pareja. Cuando la relación terminó, decidió mantener el viaje y hacerlo sola. A su regreso, describió la experiencia como profundamente renovadora.
Alejandra reconoció que desconocía la decepción que había precedido a esa decisión. Sí sabía, en cambio, que su suegra había viajado y que estaba muy contenta con la experiencia.
Su respuesta se centró en eso: celebró que hubiera disfrutado y defendió que aprovechara la oportunidad de pasarlo bien. No añadió detalles sobre la relación ni sobre las circunstancias de la ruptura que Mar había contado.
La noche terminó dejando un retrato doméstico más concreto que cualquier posado: dos padres dedicados a sus hijos, una salida excepcional y una madre que admite que apenas encuentra tiempo para descansar o comer con calma. Alejandra está satisfecha con su familia, pero tampoco oculta lo exigente que resulta este comienzo. ¿Por qué todavía se espera que una madre parezca tenerlo todo bajo control cuando apenas puede dormir?
Contad en los comentarios cómo os han llegado sus palabras.
