El hombre no tocó la foto.
No de inmediato.
Se quedó mirándola.
Como si acercarse fuera aceptar algo.
—¿De dónde sacaste esto? —preguntó.
Su voz ya no era la misma.
El niño no respondió.
Solo sostuvo la imagen.
Firme.
Sin temblar.
El hombre respiró hondo.
Y la tomó.
Sus dedos dudaron.
Pero no se detuvieron.
La foto era antigua.
Desgastada.
Pero clara.
Demasiado clara.
Su expresión cambió.
Lento.
Sin exageración.
Pero evidente.
—Esto… no puede ser…
El silencio cayó.
Porque todos lo vieron.
El momento exacto
en el que dejó de fingir.
