Mi hijo encontró esto en nuestro jardín… y ahora nos preguntamos qué es esta cosa tan extraña. ¿Reconocéis lo que aparece en la foto?

A veces, un pequeño dispositivo es capaz de devolvernos a la infancia con más fuerza que cualquier fotografía. Para mí, ese símbolo es un viejo generador metálico que antes se instalaba en las bicicletas para encender el faro delantero. Al verlo de nuevo, recordé al instante cómo todos los niños soñaban con tener uno en su «caballo de hierro».

En nuestro patio había un chico que fue el primero en instalarse este generador. Nos agolpábamos alrededor de su bicicleta, conteniendo la respiración, y esperábamos a que pasara para que el faro se encendiera con una luz brillante en la oscuridad. Sin pilas, sin cables, solo había que pedalear y la magia cobraba vida. Lo mirábamos con envidia y entusiasmo, como si fuera un verdadero milagro tecnológico.

Recuerdo cuánto tiempo soñé con comprarme un generador así para poder recorrer también las calles por la noche con la luz encendida y sentirme casi adulto, casi motociclista. La luz de la linterna parecía un verdadero pasaporte al mundo de las aventuras.

Hoy en día, estos generadores casi han desaparecido, sustituidos por brillantes lámparas LED y baterías recargables. Pero para mí, este pequeño mecanismo sigue siendo una parte del pasado: el olor de la libertad, el ruido de las ruedas sobre el asfalto, los paseos nocturnos y el orgullo infantil por mi bicicleta «espacial».

¿Recuerdas estos legendarios generadores dinámicos?

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