Era poco después de medianoche cuando Amir, un taxista con veinte años de experiencia, detuvo su taxi a un lado de la carretera. La ciudad estaba tranquila, las calles tenuemente iluminadas, cuando vio a una mujer sola cerca de una parada de autobús. Llevaba un abrigo largo, el pelo suelto sobre los hombros, y levantó la mano para llamarlo.
Amir redujo la velocidad y desbloqueó las puertas. Ella subió en silencio, esbozando solo una leve sonrisa. Cuando finalmente habló, su voz era suave pero clara: «Por favor, lléveme a casa». Le entregó una dirección escrita en un trozo de papel.
Mientras el taxi avanzaba por las calles vacías, Amir miró por el espejo retrovisor. Ella permanecía completamente inmóvil, con la mirada fija en la ventana. Había algo extraño en ella, no amenazante, sino distante, como si no estuviera del todo allí. Aun así, Amir se concentró en la carretera, ansioso por terminar su turno.
Condujeron durante casi veinte minutos hasta llegar a las afueras de la ciudad. Las casas eran más antiguas y las calles más tranquilas. Finalmente, el taxi se detuvo ante una pequeña verja frente a una casa antigua. Amir apagó el taxímetro y dijo: «Ya hemos llegado».
Silencio.
Se volvió de nuevo, esta vez por completo, y su corazón casi se detuvo.
El asiento trasero estaba vacío.
La mujer había desaparecido.
A Amir se le cortó la respiración. La puerta no se había abierto, las cerraduras no habían hecho clic y, sin embargo, no había rastro de ella. Solo quedaba un ligero aroma a perfume en el aire. Le temblaban las manos mientras salía y rodeaba el coche. Nada.
Confuso y conmocionado, se acercó a la casa. Un anciano abrió la puerta. Amir tartamudeó al describir a la mujer que acababa de viajar con él. El rostro del anciano palideció. Tras una larga pausa, susurró:
«Es mi hija… pero murió hace diez años».
Amir retrocedió tambaleándose, con la noche girando a su alrededor. La calle parecía ahora más oscura, el silencio más pesado. Corrió de vuelta a su taxi, con el pulso acelerado, y se alejó en la noche.
Y aunque ha llevado a innumerables pasajeros desde aquella noche, jura que nunca olvidará a la mujer que subió a su taxi a medianoche y desapareció antes de llegar a su casa.

