Eli Bowen nació en 1844 en Ohio, en una familia numerosa con diez hijos. Sin embargo, nació con una grave malformación congénita: el niño no tenía piernas desarrolladas, sino solo unos pequeños pies similares a aletas que le crecían directamente desde la pelvis. A pesar de ello, Eli creció como un niño querido y feliz, rodeado del cariño de sus familiares.

Desde muy temprana edad aprendió a desplazarse con las manos y, gracias al entrenamiento constante, su cuerpo infantil se volvió increíblemente fuerte y ágil. En la adolescencia, Eli ya realizaba números acrobáticos, daba volteretas, hacía la «rueda» y saltos mortales, lo que provocaba el entusiasmo del público. Más tarde, tras la muerte de su padre, se dedicó por completo al mundo del espectáculo y se convirtió en un artista de éxito. Con una estatura de 61 cm, lo llamaban «el hombre sin piernas más guapo»: tenía carisma, fuerza y seguridad, lo que atraía al público y a las mujeres.
Durante una gira por Gran Bretaña, Eli conoció a Charles Tripp, un artista sin brazos. Juntos crearon un número único con una bicicleta de dos plazas, en la que Bowen manejaba el manillar y Tripp pedaleaba. Su dúo se convirtió en una leyenda: dos personas sin diferentes extremidades demostraban una sincronía absoluta y una gran ironía.

En su vida personal, Eli también tuvo suerte. A los 26 años se casó con Martha Haines, que tenía 16. La pareja vivió junta toda su vida y crió a cuatro hijos sanos. Gracias al éxito en el circo, Eli pudo dar a sus hijos una buena educación: uno se convirtió en juez y otro montó su propio negocio.

Bowen actuó prácticamente hasta el final de sus días. En 1924, a la edad de 79 años, murió de neumonía, dejando tras de sí la historia de un hombre que convirtió su discapacidad física en una fortaleza y vivió una vida llena de trabajo, amor y respeto del público.
