Cada uno se expresa a su manera. Algunos eligen ropa llamativa, otros cambian de estilo cada seis meses y otros se atreven con cosas que a la mayoría ni siquiera se les ocurriría hacer. Así le pasó a un joven llamado Evgeny Bolotov, al que en Internet se le conoce desde hace tiempo como «el hombre ornitorrinco».

Antes tenía un aspecto totalmente normal: sin tatuajes ni piercings, rasgos faciales regulares, apariencia estándar. Pero un día Evgeny decidió renacer, literalmente. ¿Su objetivo? Lograr un parecido físico con un ornitorrinco.

Para lograr el efecto, comenzó a estirarse los labios y los lóbulos de las orejas con enormes implantes, que cambia regularmente por otros cada vez más grandes. Los labios se vuelven cada vez más largos, los movimientos, cada vez menos cómodos, y comer, casi imposible. Pero el protagonista no tiene intención de detenerse.
Tras las primeras intervenciones, tuvo que renunciar casi por completo a la comida normal, perdió unos 30 kilos y le diagnosticaron «anorexia». Pero fue precisamente en ese periodo cuando le descubrieron: Evgeny se convirtió en una auténtica figura de la escena subcultural. Lo invitaban a exposiciones, lo fotografiaban en las calles, lo comentaban en las redes sociales: se convirtió en un objeto de arte viviente.
Pero en su búsqueda de una mayor libertad y reconocimiento, se mudó a la gran ciudad, donde la provocación ya no sorprende a nadie. Y aquí ocurrió algo inesperado: su rastro desapareció.
La imagen de Internet del «ornitorrinco» se desintegró y desapareció, como si se hubiera disuelto en la multitud de la megalópolis.

Hoy solo nos queda especular:
si Evgeny está preparando una nueva transformación aún más radical,
o si ha comprendido que el impacto no es la única forma de expresarse.
Una cosa es segura: cuando ves sus fotos antiguas, cuesta creer que este hombre sea el mismo chico que se estiró la cara por el sueño de «ser diferente a los demás».
