Los vecinos se peleaban por el balcón… y, de repente, un solo gesto lo cambió todo

En un viejo edificio de apartamentos vivían uno frente al otro dos vecinos: la señora Claire y el señor Durand. Ella era una profesora mayor, siempre educada y pulcra. Él era un hombre gruñón de unos cincuenta años, antiguo cerrajero.

Sus balcones daban a un mismo patio y estaban casi pegados. Y precisamente ese pequeño espacio fue el motivo de una guerra que duró muchos años.

Claire adoraba las flores. Su balcón era un jardín exuberante: geranios, fucsias, lavanda. Cada mañana regaba sus plantas, les hablaba e incluso ponía música suave.

Y Durán no podía soportarlo.
«¡Otra vez tu suciedad goteando!», gritaba a través de la pared. «¡La tierra se desmorona, las hojas vuelan!».

Él fumaba en su balcón y ponía el cenicero directamente sobre la barandilla. El viento llevaba la ceniza a las flores de Claire. Ella se indignaba. Las peleas eran casi diarias.

Escribían quejas a la empresa gestora, llamaban a los inspectores, discutían en presencia de los vecinos. Todo el edificio sabía que Claire y Durán eran enemigos.

Un día de verano, la disputa llegó a su punto álgido. Durán colocó a propósito una vieja papelera justo al lado de la pared divisoria, y el humo de sus cigarrillos iba directamente a las flores de Claire. Ella respondió vertiendo un cubo de agua sobre su lado «accidentalmente mientras regaba».

Durán gritó:
— ¡Te denunciaré!

Claire cerró de un portazo la puerta del balcón y se echó a llorar.

Los vecinos comenzaron a tomar partido. Algunos apoyaban a Claire: «¡Las flores son belleza!». Otros estaban a favor de Durán: «¡Tiene derecho a fumar en su balcón!». El ambiente en el edificio se volvió tenso.

Una semana después, no se vio a Durán. Normalmente se sentaba en el balcón por la mañana, pero esta vez la puerta estaba cerrada. Claire se sorprendió, pero no dijo nada.

Al tercer día, su sobrina llamó a su puerta.
—Disculpe, señora Claire, seguramente ya lo sabe… Mi tío está en el hospital. Ha tenido un infarto. Los médicos dicen que tardará mucho en recuperarse.

Claire se quedó paralizada. Recordó todas sus discusiones, su rostro enfurecido, las cenizas sobre sus flores… y de repente sintió un extraño vacío.

Al día siguiente, los vecinos notaron que en el balcón de Durand había macetas con flores. Exactamente iguales a las de Claire. Ella silenciosamente movió algunas de sus plantas a través de la pared para que su balcón no pareciera vacío.

Cuando Durán regresó del hospital, vio que su balcón había florecido. Lo miró durante un largo rato y luego dirigió la mirada hacia Claire. Ella estaba de pie en su balcón con una regadera.

«Gracias», fue lo único que dijo.

Desde entonces, sus peleas cesaron. A veces incluso tomaban juntos el café de la mañana, cada uno en su balcón, pero ya sin gritos ni rencores.

Y todo el edificio comprendió una cosa muy sencilla: a veces, las guerras más encarnizadas entre vecinos terminan con un pequeño gesto de amabilidad.

interesteo